martes, 28 de octubre de 2008

"Recuerdo aquellos días en los que todo lo que necesitaba para ser feliz eran 20 pavos en el bolsillo y una cara bonita a la que invitar a una copa. "Les jours sauvages", decía la canción, aunque toda esa felicidad la pagase a costa de un puñado de sentimientos (amor, fidelidad, cariño...) que en otras ocasiones me hicieron sentir afortunado.
Cenar, beber... y luego hacer lo que un hombre y una mujer hacen cuando están solos. Daba igual que fuese con la misma mujer, o con una distinta. Pero sin amor. Sin ese insoportable nudo en la garganta asfixiándote al pensar donde estará ella o que estará haciendo ahora.
Era feliz... y toda esa despreocupación y esa volatilidad eran lo único necesario.

Con Zhú acabó todo eso. Ahora ya no puedo estar con otra mujer sin pensar que preferiría que fuese Zhú la que estuviese a mi lado, o disfrutar de los placeres efímeros de la aventura y el sexo sin que momentos despues me resulten banales...
La miro, y toda la anterior necesidad de aventuras, lios y mujeres se desvanece sin notarlo.

No sé cuanto durará, y no me agrada. Espero que para cuando todo esto pase pueda..."