jueves, 15 de mayo de 2014

"Me quedo mirándola, y a veces me conmueve la inmesa ternura de su rostro sereno y sus ojos cerrados con sus largas pestañas negras, cuando yo me despierto para hacer el desayuno mientras ella todavía duerme, y su cuerpo blanco y transparente descansa desnudo, tan solo acariciado por las sábanas, en una tranquilidad eterna, casi sagrada. Entonces la beso, apenas un leve roce de mis labios blandos con sus blandos labios carnosos, y ella responde sin abrir los ojos, todavía dormida, apretando su boca contra la mia, para volver a relajarse sobre la almohada, sumida una vez más en su profundo sueño, como si ese beso sonámbulo fuese lo más natural del universo, un trámite necesario en medio de la madrugada para devolver de nuevo el equilibrio a un mundo que yo he perturbado..."