Tal vez... ah, si. Hablaba de tus labios. Tus labios lo bueno que tienen es que en otoño, cuando todas las demás plantas se marchitan, y a través de la ventana se ven los amarillos pálidos de los taxis envejecidos, tus labios, decía, se encienden de un color que recuerda al brillo entrecortado de una cereza bañada en la luz de una mañana cualquiera.
Entonces, los periódicos se dejan leer hasta que el mediodía se cansa de llamar a la puerta, o uno se queda tirado en la cama sin hacer poco más que moverse entre edredones y respirar hondo y pensar lo feliz que se siente en momentos como esos.
miércoles, 15 de mayo de 2019
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