"Me sorprendía la naturalidad con la que todas aquellas mujeres tomaban su cuerpo. Despues de estar con Leda fué imposible que ocurriese de otro modo. Ella siempre ponía los máximos cuidados para que yo nunca la viera desnuda fuera de la cama. Incluso cuando se cambiaba, siempre me pedía que no mirase por una especie de pudor que nunca llegué a comprender. Se colocaba de espaldas, o se cubría con una toalla, y ahí acababa todo.
Me gustaba su cuerpo... Y estoy seguro de que ella tampoco sentía ninguna vergüenza ni creía tener algún tipo de defecto que la llevase a ocultarlo. Pero el hecho es que siempre lo ocultaba, y a veces hasta se indignaba si yo no daba importancia a su petición y continuaba mirando...
Todo eso me llevó a recibir con extraña sorpresa la indiferencia con la que otras mujeres paseaban su desnudo por el cuarto. Me fascinaba verlas sentadas fumando un cigarro con total normalidad, como si estuviesen vestidas, o contemplando la ciudad desde el balcón, compartiendo con el mundo la ternura de sus senos y sus brazos..."
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