miércoles, 23 de marzo de 2016

Leda

Si hay una mujer a la que amé en el sentido más puro de la palabra, con lealtad canina, con entrega desinteresada e inconsciente, con inocencia, con pura devoción, si hay una mujer a la que amé, digo, esa fué Leda.

Como un puro sueño adolescente, el gran primer amor, el gran comienzo, ella se apareció en mi vida por una clara confabulación del destino, por un empeño firme de los astros en que finalmente ocurriese alguna historia entre nosotros. Es la única explicación que se me ocurre al hecho de que años después descubriéramos la enorme cantidad de situaciones y contextos en los que nos habíamos cruzado, incluso conscientemente, a lo largo de nuestra vida, sin que en ninguno de ellos acabáramos relacionándonos... hasta que la rutina de compartir una geografía local común en nuestra ocupación diaria hizo del todo imposible seguir ignorándonos.

Por aquel entonces era...

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