martes, 14 de marzo de 2017

La Gata sobre el tejado de Zinc

Solo me comenzó a gustar de modo preocupante (para mí siempre ha sido un hecho preocupante el encontrarme pensando en una mujer por la que hasta entonces nunca había sentido nada "raro") en el momentó en que me dí cuenta de que una conversación con ella podía alejarse de los habituales senderos de cotidianidad y uso generalizado y balancearse presuntuosamente hacia el elitismo de la literatura beat y los malditos norteamericanos. De entre todas las cosas que eché de menos cuando abandoné el país , las largas noches de cine y literatura en el autobús de vuelta a casa fueron sin duda lo que más frecuentemente recordaba cuando un ligue mediocre o una salida que no había cumplido las espectativas me hacían pensar en mi anterior vida y en la gente con la que en el pasado disfruté de alguna anécdota o experiencia que he guardado con cariño.


Ella era aguda, sarcástica y tremendamente inteligente. Me manejaba como a un niño, y confieso que su inofensiva malicia alguna vez consiguió dejarme ruborizado...

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